Table of Contents
Tras analizar en los capítulos anteriores el impacto del dolor y la salud mental, así como la raíz estructural de la incapacidad temporal prolongada, en este capítulo abordamos un factor decisivo para entender la evolución del absentismo en 2024-2025: la edad.
Jóvenes que se ausentan más, mayores que tardan en volver
En 2024, las bajas por enfermedad común entre milenials y la generación Z rozaron los dos millones, casi el doble que las registradas por los mayores de 55 años, un millón.
Sin embargo, estos últimos lideran en duración: 82 días de media frente a 43 en los más jóvenes.
La tendencia al alza afecta a todas las franjas de edad, consolidando un patrón dual: los jóvenes faltan más, los mayores tardan más en volver.
Absentismo productivo: el foco empresarial
La atención suele centrarse en lo que podríamos llamar absentismo productivo: las ausencias breves y repetidas que paralizan estaciones de trabajo, retrasan entregas y sobrecargan equipos. Es lógico que los departamentos de RRHH y Relaciones Laborales pongan ahí su mirada y centren en este punto su análisis, ya que estas bajas generan una tensión inmediata sobre la producción y la coordinación de los equipos.
El gran olvidado: la baja de larga duración
En contraste, los trabajadores que acumulan procesos de más de cuatro o seis meses suelen quedar relegados a un segundo plano. Una vez solventada la urgencia operativa de cubrir el puesto, la organización termina por normalizar su ausencia. Es frecuente encontrar casos en los que, tras un año de incapacidad temporal, la reincorporación deriva rápidamente en una nueva baja, lo que evidencia un bloqueo estructural en el que ni la persona trabajadora ni la empresa disponen de una solución efectiva.
Datos que confirman la tendencia
La evolución reciente confirma esta nueva geografía del absentismo. Los menores de 35 años pasaron de iniciar 791.088 bajas en 2018 a casi dos millones en 2024. En el grupo de 36 a 55 años, los procesos aumentaron de 2,2 a 2,93 millones. Los mayores de 55 años mantienen la duración más elevada, pasando de 69 días en 2018 a más de 82 en 2024, lo que supone un incremento del 18 %. El impacto económico escala en la misma proporción: el coste total de las bajas alcanzó en 2024 los 30.500 millones de euros, de los cuales 16.500 correspondieron a la Seguridad Social y casi 14.000 a las empresas, lo que representa un 15,6 % más que el año anterior.
Gestión temprana: una salida al laberinto
Ante este escenario, la gestión temprana adquiere un papel decisivo. Facilitar a los trabajadores una valoración médica independiente y gratuita sobre la posibilidad de incapacidad permanente permite aliviar el sufrimiento prolongado, evitar procesos que difícilmente concluyen en una reincorporación plena y reducir de forma significativa los costes para la empresa y para el sistema.
La edad, un vector silencioso dentro de la tormenta perfecta del absentismo
La elevada incidencia entre los más jóvenes y la prolongación de las recuperaciones en los mayores dibujan un panorama complejo y costoso. Afrontar a tiempo los procesos prolongados es la diferencia entre permitir que el temporal avance o recuperar la estabilidad organizativa.
Director general Gestolasa







